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Batalla de Santa Gertrudis

Cuando se vio amenazada la soberanía nacional en 1862 por la intervención de fuerzas extranjeras, en el Estado de Tamaulipas hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos dieron su esfuerzo para combatir al intruso y hacer respetar la integridad de la Nación.

En nuestro Estado hubo enfrentamientos con victorias gloriosas, entre ellas la Batalla de Tula, la del Chamal, en Tantoyuquita, Tampico, Victoria y en Santa Gertrudis, en Camargo.

Hombres como Juan José de la Garza, Pedro José Méndez, Ascención Gómez Servando Canales, Julián Cerda, Pedro Hinojosa, José María Carvajal, Gabriel Arcos Arreola, Albino López, Agapita Ortíz por mencionar solo algunos valientes en quienes se reflejó el valor, la entereza y la lealtad de los tamaulipecos por defender a la patria.

En las épicas que se suscitaron durante la intervención francesa en Tamaulipas, estuvieron al frente de las tropas los generales Santos Degollado, Mariano Escobedo, Santiago Tapia, Jesús González Ortega, Miguel Negrete entre otros, quienes fueron testigos del valor de los tamaulipecos, de tal hecho nacieron varios ascensos para militares de esta Entidad.

En el caso particular de la Batalla en Santa Gertrudis, la victoria lograda fue de vital importancia para rechazar al enemigo.

Bajo el mando del General Mariano Escobedo, el 16 de junio de 1866 la tropa que se empezaba a constituir como el Ejército del Noreste derrotó a una fuerza de aproximadamente 2000 hombres, entre los que se encontraban austriacos, americanos, confederados y traidores.

Como resultado de la victoria en Santa Gertrudis se recuperó Matamoros, el 23 de junio, esto facilitó a las fuerzas nacionales la compra de materiales bélicos en los Estados Unidos. Con la retirada de las fuerzas contrarias a la patria hacia San Luis Potosí y la caída de Tampico el 9 de agosto, se consolidó la dominación de las fuerzas republicanas en el norte de México.

Por diversos medios corrió el rumor que las tropas del enemigo apostadas en Matamoros, marcharían hacia Monterrey. Feliciano Olivera al mando de dos mil hombres en combinación con el general francés De Tuce, que dirigía una tropa de mil quinientos hombres entre franceses y belgas, prestarían apoyo en caso de un asalto en el transcurso del camino.

Escobedo al conocer la información, siendo que debía marchar rumbo a Matehuala, decidió quedarse para combatir a los invasores en el lugar que ofrecería la oportunidad de tender una emboscada. Tal sitio fue Santa Gertrudis.
Olivera auxiliaría a De Tucé en caso de un ataque republicano. Cuando el segundo llegó a Cerralvo, N. L., Escobedo decidió atacarlo para mantenerlo encerrado y que no se juntara con Olivera, para atacarlos por separado.

En Cerralvo, Escobedo sitúo al Coronel Ruperto Martínez con 600 caballos y el se dirigió al rancho de Derramaderos en donde se encontraba el convoy salido de Matamoros; aquí, el general republicano observó por cual camino Olivera saldría para Mier, punto en el que se supone lo esperaría De Tucé para cambiar cargamentos. Escobedo buscó un sitio en el que fuera muy escasa el agua para obligar al enemigo a resistir poco tiempo.

El número total de las fuerzas republicanas al mando de Escobedo era de 1300 hombres; las posiciones ventajosas que tomó y lo retirado del agua al punto donde se encontraban apostadas las fuerzas traidoras, daban un solo resultado del enfrentamiento: la derrota del enemigo era inminente.

Olivera y sus hombres avanzaron hacia Santa Gertrudis confiadamente. Uno de los soldados republicanos, sin orden previa, saltó al encuentro de los invasores, tal acción rompía la estrategia de Escobedo, sin embargo la habilidad militar de este último se puso de manifiesto en seguida, ordeno cambio de campamento dejando fuera la sospecha en el enemigo de otra posible emboscada.

Al día siguiente, Olivera y sus convoyados continuaron el viaje con todas las precauciones, pero las medidas tomadas por él traídos no surtieron efecto. Escobedo y su gente, al momento del ataque, estrecharon tanto la distancia con el enemigo – algo así como cincuenta metros – que en pocos minutos utilizaban las bayonetas y la pelea cuerpo a cuerpo.

Todo quedó en poder de Escobedo: el cargamento del convoy, 11 piezas de batalla, 2 de montaña, las municiones y 1200 prisioneros. Cerca de ochocientos muertos y heridos quedaron en el campamento, más de 500 eran del enemigo.

Las fuerzas de Escobedo estaban integradas por cuatro columnas de infantería para ataque, dos de caballería y la reserva que también era de infantería. De la primera de éstas columnas el ler. Jefe era el coronel Alfonso Flores, y como segundo el coronel Cáceres.

La segunda columna era ordenada por el Coronel Miguel Palacios y el Teniente Coronel Emilio Mayer; mientras que la tercera estaba dirigida por el mismo Coronel Francisco Canales y el Coronel Adolfo Garza; la cuarta estaba bajo las órdenes del General Servando Canales y del Coronel Julián Cerda. La caballería estuvo bajo la orden del General Jerónimo Treviño.

Las columnas de caballería, la “Legión del Norte’ estaba bajo las órdenes del Coronel Joaquín Garza; la reserva estuvo encomendada al Coronel Salvador F. de la Cavada. Todas las columnas estaban bajo la orden directa del General Escobedo, quien como segundo en el mando tuvo al Mayor General Sóstenes Rocha.