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Rebeliones Indígenas

En un texto, en la Relación Histórica del Nuevo Santander, fray Vicente de Santa María, señala que el principal elemento de diferencia entre los habitantes del territorio pre-colonial, era el idioma.

A pesar de ello, los esfuerzos por mantener la paz fueron varios, entre ellos podemos citar, fumar la pipa de la paz, intercambiar costumbres, la participación de varias tribus en ritos comunes; sin embargo a partir de la llegada de los españoles, la reducción, las formas de congregación de los naturales, sobre todo la conquista trajo formas diferentes de rebelión y de resistencia.

La conquista iniciada a principios del siglo XVI, salvo raras excepciones como la de Hernán Cortés en 1523, culminaron en éxito, las demás se vieron envueltas en sangre por lo indómito de los pobladores indígenas.

Algunos intentos por apaciguar a los naturales se hicieron por los misioneros franciscanos Olmos y Mollinedo, sin embargo, los resultados no fueron muy promisorios dadas las condiciones de explotación que pusieron en marcha los hispanos.

Formas de esas fueron los presidios y las congregas, sitios en los cuales los indígenas eran tratados en forma infrahumana, según narran las crónicas, y que fue el motivo principal por el que mataran a los “protectores” y se volvieran montaraces.

A la llegada de Escandón, con el intento de colonización, la resistencia presentada por los naturales fue a tal grado que constituyó la principal razón de su exterminio. Mientras que algunos, decidieron introducirse en la religión hispana y adoptaron las nuevas condiciones de vida.

La distribución de la tierra, junto con sus pobladores, motivó serias y acaloradas discusiones entre los colonizadores y los antiguos “propietarios”, principalmente religiosos pastores.

Por su parte la existencia de los naturales, y su conducta, exigió la presencia de doctrinarios y, lo que era más grave, el cambio de sitio para la fundación de las villas propuestas por Escandón.

Tal situación generó la ira del colonizador, también jefe militar de la nueva colonia, enviando órdenes precisas de ataque a los indios rebeldes, como se lee en la disposición enviada a los comandantes de los destacamentos militares del Nuevo Santander, para que inicien los preparativos de la campaña contra los indios rebeldes del Sihue, en la Misión de Tula, escrito fechado del 21 de agosto de 1764, localizado en el Archivo General de la Nación (PI. 248, 14, 361?364).

A pesar de la condición de nómadas, los indígenas del territorio tamaulipeco tomaban como suyo el espacio de donde obtenían el alimento al grado de morir en su defensa en caso de un intento de invasión.

De los asentamientos humanos podemos referir la resistencia presentada por los Huastecos a las expediciones del Pánuco, efectuadas durante el siglo XVI.

Las rebeliones eran encabezadas por el caudillo del grupo, puesto generalmente ganado por la fuerza y la inteligencia presentada en los combates y no ciertamente resultado de una monarquía.

Manuel de Escandón, lugarteniente de la Sierra Gorda y Costa del Seno Mexicano, entre el 26 de febrero y el 20 de abril de 1765, envió a la ciudad de México a 11 indios rebeldes pertenecientes a la ranchería del caudillo El Chivato, como prisioneros por haber causado anomalías en las villas de la colonia.

La resistencia por la implantación de las villas en los sitios que ocuparon los naturales, provocó la respuesta militar por parte de las autoridades coloniales, tal fue el caso, según dice en el documento que Vicente González de Santianés, gobernador de la Nueva Santander, envía al Virrey Marqués de Croix.

En él refiere las razones por las que propuso la campaña militar contra los rebeldes de la Sierra Tamaulipa Vieja, y de los encuentros que sostuvieron con éstos los destacamentos al mando de los sargentos Miguel de la Garza y Raymundo López.

El documento está fechado el 19 de agosto de 1769, como correspondencia recibida de México en San Carlos.

A pesar de las rebeliones y la resistencia presentada por los indígenas de la Costa del Seno Mexicano, y los costos que tales movimientos trajeron, la conquista y la colonización de Tamaulipas se logró a mediados del siglo XVIII, casi dos siglos después de haberse implantado el gobierno español sobre la gran Tenochtitlán.